11.5.13

A LA MUJER QUE AMO

A ella, que cuando me siento triste, no sé cómo pero lo adivina, me llama, me timbra, me manda mensajes de ánimo, me ilusiona, me fastidia, me conmueve, me enaltece, me llama la atención, me aconseja, me alaba, me admira, me congratula, me abraza, me regala mucho afecto, mucho cariño, mucho amor.
 
A ella, que cuando me siento solo, me consuela, me alegra, me divierte, juega conmigo, me invita a pasear, a conversar, a escuchar música, a caminar, a distraerme, a juntarme con mis amigos para jugarnos una pichanga, a danzar, a ensayar música y aburrirlo con la misma, pero continúa escuchándolo porque quiere que me sienta bien.
 
A ella, que cuando estoy enfermo busca la mejor forma de curarme, me frota el cuello, la espalda y el pechito, me coge de la mano y me lleva hacia el puesto de salud más cercano, me hace hervir alguna hierbita y me invita a tomarlo calientito, quemándome y sin azúcar, me prepara un buen desayuno, un gran almuerzo y de cena otro calientito, y me sana muy rápidamente.
 
A ella, quiero dedicarle este momento para decirle y manifestarle lo mucho que la amo, la adoro y quiero en todo momento estar con ella, porque la extraño y la extraño tanto, desde que nos separamos y ella se encuentra lejos y yo aquí, y desde entonces, nuestra comunicación es esporádica, pero cuando lo hacemos, resurge la emoción de nuestros sentimientos y volvemos a decirnos lo mucho que nos amamos.
 
Pero a ella también quiero reclamarle las veces que me dijo que su vida hubiera sido mucho mejor si yo no hubiera nacido. Que en algún momento fui una decepción para su vida. Que sin querer queriendo le hice una travesura y fue la excusa perfecta para que me recrimine y me arroje todo el estupor de la amargura, diciéndome que conmigo se pagaría todo lo que a ella le hacen.
 
Pero aun así, cuando amenacé con irme lejos, para no volver jamás y no amargarle la vida nunca más, me rogó e imploró y me dijo que me quedara. Lloró mucho, aun puedo ver sus ojos llenos de tristeza y lágrimas, y los míos llenos de culpa, miedo y vergüenza. Y, decidí quedarme.
 
A ella que sufrió mucho por mi culpa. A ella que tantas veces la dediqué un poema inspirado en el momento. A ella que en cada actividad externa la tenía que hacer trabajar sin querer, porque su amor era y es tan grande que todo lo que le pedía lo cumplía. A ella quiero dedicarle este mensaje.
 
También quiero dedicarle estas palabras a ella que cuando me porté mal cogía el primer material duro que encontraba y lo aterrizaba sobre mi espalda, por 'mi atrás' o por donde caiga. Pero aun así la respeté siempre, la quise siempre, la adoré siempre y la amé siempre; tanto y mucho más como ahora la sigo y la seguiré amando.
 
Quiero, utilizar este espacio para que este segundo domingo de mayo celebre a lo grande, como todos los días la hacemos sentir feliz ahora que hemos crecido, agradeciéndole por su esfuerzo, por su paciencia, por su amor, por su sabiduría y por ser la luz que ilumina nuestro camino.
 
Madrecita linda, te amo y te amaré siempre. Con todo el corazón. A ti mamita Tomasa, con mucho cariño te dedico este mensaje, esperando que la pases de lo mejor hoy, mañana y siempre. Por siempre agradecido.

 

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