Quien no camina por las calles en su
proceso no observa la pobreza, la desigualdad de números ni el sufrimiento de
las personas. No atender a los demás no es simplemente un desacuerdo de colores.
Es en primer orden, un sinsabor de emociones encontradas, entre el obrar
solidariamente o el trabajar insensiblemente por mostrar al mundo el dolor
común de la gente.
Ser periodista es una cuestión complicada,
más aún si como principiante deseas estrenarte con lo mejor de lo que piensas
haber aprendido en las aulas. Las aulas son muy importantes. Las calles, lo son
también. No me atrevo a decir aún más, porque hasta ahora lo estoy dudando. Lo prefiero
de manera equivalente.
***
Son diez para las dos de la tarde y
el clima es desesperante. Un calor insoportable como el provinciano. La variedad
de situaciones en Nuevo Chimbote se torna confusa. Es jueves, la redactora
acaba de llamar al celular a pedir las notas recogidas. Por lo menos dos o tres
para el noticiero y una para sacarla en vivo en directo. Probable hundimiento
de Nuevo Chimbote ante los riegos indiscriminados de los agricultores de Chinecas.
Autodenominado Presidente del Comité Anticorrupción de Nuevo Chimbote arremete
contra Valentín Fernández. Niños de Nuevo Chimbote son atacados por unos malhechores
durante paseo por Lacramarca.
Me preparo, ordeno una por
una las notas periodísticas, de modo que la redactora lo entienda en la
brevedad, y logre completar la estructura del programa del día. El noticiero se
emite a las dos en punto y debe estar todo listo.
La de los niños queda para enlazarlo
en directo, pronto, consigue a los padres que deben estar en la comisaría o en
el municipio. El encargado del área de recreación debe estar por ahí. Busca al
jefe del área. Pronto, que ya salimos al aire. Y estés atento a mi llamada, no
contestes ninguna otra.
Imagino las mil formas de encontrar
a los protagonistas. Es mi primera salida en directo. Mi mente coge los modelos
que salen a las siete de la noche o a las siete de la mañana en los noticieros
nacionales a la hora oficial. Los reporteros son audaces, ágiles, habladores,
no podré estar a la altura de ellos pero sí lo intentaré. Cada vez hay más
presión. No hay nadie en la municipalidad ni en la comisaría. He intercambiado
espacios varias veces y nada. El efectivo me ve desesperado y dice que me
calme. Van a llegar a denunciar, anuncia. La redactora insiste: Tenemos que
salir al aire, consigue algo, ahoraaaa…!!!
Los minutos pasan y ya casi están
por anunciarme y no tengo nada. Una visita más al municipio y veo algunas
madres reclamando en la oficina de alcaldía. Desean entrar. Algunas lloran. Preguntan
dónde está el señor que sacó a sus niños. Una de ellas está enfurecida y
solicita respuesta inmediata. Nadie la atiende, han cerrado las puertas y sólo
observan por las ventanas.
De pronto una llamada más. Los tieneeeees…???
Lo tengo. Muy bien, acércate. Habla fuerte y claro. Y sé muy breve. De pronto,
una sensación de nerviosismo me invade. Cada vez hay más gente y el patio de la
municipalidad se hace sofocante, esto juntado con los nervios, me desespera.
Me encuentro solo. Algunos amigos
reporteros se han ido a almorzar. Si logro contenerme, seré el de la primicia, el
primero que sacó la nota, aquél a quien gracias en todos los demás medios
tendrá ‘rebote’. Respiro. Miro al frente. Preparo la reportera y el celular. Me
acerco tímidamente.
“Nos enlazamos directamente con
Nuevo Chimbote, desde allí tenemos a nuestro reportero con la noticia de último
minuto, adelante Jhon”. El conductor acaba de anunciarme. “Noticia de último
minuto, vuelve a sonar el anunciante”.
“Directo en directo Jhon Azaña desde
Nuevo Chimbote, para informarles que hace, aproximadamente media hora, los
niños que salieron de paseo por el Río Lacramarca en un programa de
entretenimiento promovido por la Municipalidad Distrital, fueron asaltados y
despojados de todas sus pertenencias. Nos encontramos en el local de la comuna
sureña, hasta donde han llegado las madres de familia, muy desesperadas, a
buscar respuestas sin encontrar atención. Vamos a conversar con una de ellas”.
- Señora, cuénteme qué es lo que ha pasado con los niños?.
Entre sollozos y mayor
desesperación, la madre narra lo que supuestamente ha sucedido, se explaya un
poco. Estoy emocionado y nervioso, la dejo hablar mientras pienso la siguiente
pregunta. ¿Cuántos niños son? ¿A qué hora sucedió? Cada respuesta era, para lo
que vale el tiempo dentro del periodismo, demasiado extensa.
De pronto, el conductor me corta. Agradece
por la noticia y me despide. Sin esperar las voces preparadas para el retiro,
cortan mi transmisión. Pensativo, preocupado, agradezco a las madres por su
colaboración y sigo conversando. Llega el responsable del cuidado de los niños,
se arma el alboroto. Me retiro a un costado mientras ellas le acorralan y
solicitan respuesta. Todos están bien, sólo nos han robado, nadie sufrió daños,
responde.
Sale el jefe y se pone a conversar
con ellas. Los niños ya están con nosotros. Todo bien. Vamos a conversar.
Mientras tanto me retiro y no hay
nadie. Estoy solo. De pronto, se aparece el conductor del programa. Hace rato
que el noticiero culminó y él necesita completar sus datos para otro medio de
comunicación. ¿Son ellas?, pregunta. Sí, son ellas, respondo y le doy todos los
datos conseguidos hasta ese momento. No hay forma de interrumpir la
conversación de las madres. Nos quedamos mirando. Las ganas de confesar el
temor que sentí de haber ejecutado el enlace de forma inadecuada me invade. Por
los nervios, ¿creo que salió mal verdad?
Se nos iba la hora, me dice. Cuando te
encuentres en apuros y no tienes preguntas, le pasas el celular a la redactora
y que sea ella quien pregunte, de acuerdo a su esquema, y no te haces
problemas. Ah, claro, tienes razón, para la próxima. ¿Te quedas aún? Sí necesito
sacar más datos. Me voy a almorzar, estoy sin desayuno. Anda nomás, luego
conversamos.
Un poco más de las cuatro de la
tarde. Bueno, es típico de los periodistas tomar la comida muchas horas después
de lo indicado. Llego a mi cuarto, voy a revisar si hay algo de comer. Suena el
celular.
Hola Jhon. Antes que nada, necesito
que me escuches y pongas mucha atención en lo que te voy a decir. Cuando tú
preguntas –qué ha pasado- es obvio que la señora se va a explayar en sus
declaraciones. Imagino que en la universidad te vienen enseñando sobre las 5W,
necesito que lo pongas en práctica. Yo redacto un resumen para los titulares de
salida del noticiero y esta vez se me complicó mucho porque estábamos sobre la
hora y tú no sacabas los datos que necesitaba. Tómalo como una crítica
constructiva y la próxima lo harás mejor. Por lo demás, gracias por el
despliegue, por haberte quedado hasta conseguir la nota. Mañana te esperamos.
No sé si para preocupación o
tranquilidad. La llamada me dejó muy pensativo. Los próximos enlaces lo grabaré
para analizar los errores, las evasiones en los datos recopilados. Todo estará
bien criticado por mí mismo. Vamos para adelante que ya tienes tu primer enlace
en vivo y no será el único.
Periodista en sus inicios.
La personalidad del periodista es a
veces sorprendente. Le gusta ver la vida con una tranquilidad que llega ser en
ciertos casos exagerada; siempre sonríe, siempre está dispuesto a divertir a
las personas que están a su alrededor, incluso si no las conoce. Aunque hay
otros más tímidos, pero esa timidez se la quitan cuando llega el momento. También
se discute mucho sobre la sensibilidad del periodista. Sobre todo, de los
policiales. Sociales, aún más.
Los periodistas, tienen que ser
analíticos, interpretativos, pensantes, arriesgados, decididos, convencidos,
preparados, efusivos, efectivos, prolijos, cuidadosos, meticulosos, eso y más,
mucho más. Los periodistas son y deben ser únicos en su trabajo con una
convicción social y real. La de decir la verdad, sólo la verdad y nada más que
la verdad. No discutiré más.
Feliz día del periodista.


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