6.4.12

DOS PERLITAS

En esta ocasión, sin mucha concentración. Más bien, con mucho desvarío, vamos a relatar lo que últimamente pasado está o, ha pasado ya.

Resulta que en la cotidianidad de mi vida pasajera, han pasado cosas y casos, casos y cosas que insistentemente me hacen oír a las Dos perlitas. Dicen que viajé muy acompañado cuando a mi lado, ni el silencio del respirar de la otra persona pasaba por mi puerta, de lejitos nomás. Dicen que fue a las seis de la mañana cuando salí muy acompañado de aquella musa bella y no avisé a nadie para que nadie se entere. Dicen que la invisibilidad no existe. Pero esta vez tal vez estuvo invisible, porque yo no la vi; sí en cambio su profesor –que dice toda la verdad, y no tiene porqué mentir– habló y muy en serio, sin intenciones encontradas o sobrellevaderas. Me vio y la creyó, todos le creyeron, menos yo, porque, como dije, debe ser que esta vez sí estuvo invisible o mis ojos no la vieron jamás. Es más, ni sé de quién se trató o se trata. Hasta ahora no me entero. ¿Será que ellos sí lo saben? ¿Quién será? ¿Será posible que me lo cuenten para dejar de apesadumbrarme con la incertidumbre? ¿Me ayudarían con eso? O, ¿será posible que dejen los inventos a los inventores? ¿Las mentiras para los mentirosos? Y, ¿Lo demás para los demás? Que dejen de entrometerse en mi vida, por Dios. No les llamo ni les llamaré, no acudan que no les necesito aún, que cuando lo requiera lo haré. Nada está dicho en este mundo, si han de ayudarme, ayúdenme, y en esta ocasión, la mejor forma de ayudarme es apartándose. Les estaré muy agradecido por siempre.

Uff. Hace calor. Mucho calor. Los servicios higiénicos, o, mejor el pozo ciego, o mejor la letrina, o mejor el almacén del dolor, o mejor, el baño, está mal. Necesita un arreglo o traslado urgente. Trabajemos en ello. La noche es larga. La luna está candorosa. Observarla, contemplarla puede disipar mi tristeza. Nuevamente estoy triste. Mis hermanas aún no llegan. Me siento cansado. La luz de la soledad se acerca a mi pecho y la rechazo. Esta vez no la quiero cerca. Estoy triste, retengo a una lágrima que quiere caer. Sé que no puedo estar así, pero es más fuerte que yo. Levantarme me cuesta más. Es difícil poder explicar cómo me siento. Estoy cansado de médicos, de estudios. Sé que no debo estar así, eso me baja las defensas y no me quiero enfermar. Así que lucho conmigo mismo para poder estar fuerte y querer volver a ver brillar el sol. Me reinvento constantemente, pero me quedo atado a estos sentimientos que aparecen por momentos, no es un estado permanente. Todo esto es provocado por mi propia historia y también por la cantidad de drogas que tengo en el cuerpo. Tú estás del otro lado como puedas, no me escribes. Aunque me cuesta recibir, me llegan tus palabras. No me gusta estar triste, no debo estar así. Me cuesta poner lo que siento en palabras. Hay mucha angustia, hay mucha soledad, hay muchos nervios. Una lágrima cae por mis mejillas y ya no me deja seguir escribiendo. Debo conciliar el sueño. Entre mis sueños aparecen mis amigos 'pacharacos' y me alegran la noche con sus más longevas ocurrencias. Superviviente o no. Logré descansar hasta hoy.

El baño. El trabajo nos espera. El viento es fuerte. Las maderas caen. La arena envuelve mi cuerpo y mi rostro. La paciencia me impacienta. La seguimos en la tarde. Estoy desconcentrado. Un sudado de pescado, para aplacar el hambre. Vamos a ver lo que sucede ahora, en una nueva lucha contra el calor, el viento y la arena. Bien que mal, concluido el trabajo vamos a salir a disipar las penas. Tecnología, internet, imágenes virtuales, comunicación on-line, mensajes de texto. Nuevamente las Dos perlitas y luego Golondrina. La producción es buena. La melodía también. Las letras de la canción bastante conmovedoras. En adelante, asumiremos una producción del tipo ‘yo también quiero hacer eso’. Por qué pues me envuelves, con tu tierna mirada. Acaso son hechiceras, esas dos perlitas. Si pudieras abrir mi pecho, para que vieras mi corazón, cómo está rogando que vuelvas a mi lado. Cierro los ojos y busco tu frescura, y a través del viento quiero tu libertad en mis andes, quiero discurrir entre pastos y piedras, sirviendo a mi tierra y unirse al grito. Déjame vivir, y compartir mi amor. Juntitos caminar por las punas donde nací. Y escuchar el silbido del ichu triste y enamorado, jugar con el viento helado, tan puro y verdadero. De pronto, improviso una visita a la Cafetería & Co, amigos desanimados por el mundo… unidos por la red. Mejor me escabullo y encuentro las frases de la tristeza, sumido nuevamente en ella. Cada vez que sientas que la tristeza te persigue, déjala entrar a tu vida, que con ella aprenderás a ser fuerte. Buscar la felicidad es sólo otro pretexto para ser aún más infelices. Es tan triste mirar por la ventana que mejor prefiero mirarte para sonreír de nuevo. Y para el cierre, entre muchos. El valor de un hombre no se mide ni por su dinero, ni por su inteligencia ni por su felicidad; se mide por su capacidad de exteriorizar lo menos posible su tristeza.

Otra vez la noche que tratará de invadirme con su tristeza. Pero el sonido de la guitarra, la zampoña y la quena, y el encuentro efusivo y lleno abrazos con mis patas del alma, con quienes sufrimos juntos los estragos de vivir lejos de los nuestros, ahora cada uno con su profesión y su camino espinoso pero que hemos aprendido a sobrellevarlo, hacen que se invada de alegría el viejo cuarto donde de tanto reír nos reuníamos para hablar, cantar llorar y charlar. Viejos recuerdos, viejas anécdotas, viejas historias que empezaremos a revivir de nuevo. Jeshu, Yan, Lobo, Eddie, Lucho, Pol, Micky, cantemos con el alma, disfrutemos como antes y mejor aún. Somos y seremos siempre. Un abrazo para todos ustedes.

En la próxima entrega no se sabe lo que vendrá. No sé si recordaré lo que suceda a partir de este momento. No prometo nada. Sólo que seguiré escribiendo, porque es el único lugar donde se puede expresar los sentimientos del Provinciano Insoportable, que sufriendo está y quiere paz, paz, paz, paz, paz… como alguien le dijo que le dará. El Provinciano Insoportable está triste en semana santa y no sabe cuándo le pasará. Mientras tanto yo, con su autorización, cuento un poco de su sacrosanta vida mediante esta tribuna. No lo divulguen, sólo comenten. Hasta la próxima.

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