24.1.12

DÍAS QUE NO VEN

Con un ánimo lleno de intriga y pesadumbre por la sucesión de cosas de la vida que muchas veces resultan incomprensibles. El fin de semana pasado (para variar) me toca chambear, retomo en este vigésimo quinto día del año nuevo, la publicación de estos menesterosos pasos que nos toca seguir día por día.

Por otro lado, el Provinciano Insoportable no quiere saber nada de la publicación de sus más públicos secretos (valga la redundancia). Sin embargo, contra su voluntad, y, ‘sobrepasando lo natural’, se le ha convencido para que diga algo, al menos un poco, casi nada, pero que lo diga; porque comprendemos que todo ese sentimiento triste que aguarda en su interior produce en él un agobio terrible, que, no estamos seguros de que lo pueda soportar.

Dicen que la vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida. En esta ocasión, y con las ideas locas de encontrarle sentido a lo que aquí escribo, termino diciendo que surgieron muchas sorpresas, de esas sorpresas que nos aguarda la vida para mostrarlo en el momento menos esperado. Sorprendente resultó aquella nota escrita en un lugar incómodo (por lo cual se disculpaba por la letra) cuando llegó a mis manos y me puse a leerla. ¿No se supone que todo iba bien? ¿Acaso no recordaba que minutos antes habíamos hablado de lo más contentos posibles? No, me equivoco, dice que le contesté mal y le hice sentir terriblemente mal. Pero, ¿cómo es contestar mal? ¿Contestar mal es decirle que estoy bien, que más tarde arreglamos lo pendiente, que no se preocupe, que estaré atento a sus actividades para tomarme un tiempo y poder atenderla como se lo merece? ¿Es eso hablar mal?

Continuamos. La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida. Luego de unos días transcurridos entre prohibiciones, alguno que otro ruego sin relevancia, entre mensajes de texto lleno de maquinaciones, entre insultos ofensivos, entre uno que otro reclamo porque ‘dice que le dijeron que así dicen’, entre desencantos y penumbras; al fin, todo, finalmente se arregló. Oh, sorpresa. Eso parece.

Debo comentarles mis estimados, queridos y muy queridos amigos lectores de esta tribuna fielmente inestable e inentendible, que tuve un sinnúmero de encuentros fortuitos durante los primeros veinticinco días de este año dos mil doce, premeditado como fin de la historia viviente. Encuentros como aquellos sentimentales que nos llenan de emoción y nos hacen vibrar el corazón; o como aquellos laborales que nos regalan muchas satisfacciones y un estremecimiento total de vez en cuando, digamos la mayoría de las veces; o como aquellos sociales donde la importancia radica en caerle bien a la gente y uno no siempre lo logra; o como aquellos personales donde el interés debe ser uno mismo, su salud, su bienestar, su alegría, su amor, pero que casi siempre lo deja de lado porque considera como más importante conseguir lo mismo, pero para quienes permanecer a su alrededor.

Además, como trabajador he tenido semanas de incierto. En primer lugar, con la indecisión de dónde continuar (¿costa, sierra, selva?) Luego, con la evaluación de la permanencia, sus aciertos, desaciertos, metas y perspectivas respecto al año que pasó. Finalmente, con el estrés, el desánimo por momentos, pero con la fuerza y la entereza de seguir amando al trabajo, poniéndole dedicación y empeño y buscando la mejor forma de que los resultados sean de agrado de los beneficiados. Muy pocas veces resulta, pero lo importante –frase muy, pero muy rebuscada–, es que hemos dado todo de nosotros y nadie puede reclamar por la falta de entrega y entusiasmo en cada labor ejecutada. Dicho de otro modo, hemos sudado la camiseta. He sudado la camiseta y le seguiré haciendo.

Entonces, ¿en qué quedamos? De todas las sorpresas que da la vida, la última, hablamos del último fin de semana, fue la más alentadora. Pese a todo lo que ‘dice que le dicen que le dijeron por ahí’, decidió depositar su confianza en mi persona. No prometo hacer bien las cosas de hoy en adelante, porque siempre trato de hacer bien las cosas siempre. Tampoco diré que haré todo porque esto no vuelva a suceder, porque nunca hice nada para que suceda. Menos aún, diré que me disculpe o perdone que no fue mi intención, porque en mi conciencia ronda la tranquilidad, la calma y la seguridad de no haber cometido nada que vaya en contra de mis principios ni que vulnere los derechos, la alegría, la emoción, el sentimiento de la otra persona.

Cierto es que andan ‘diciendo por ahí que dice que dijeron’. Cierto también es que creo que en el fondo existe un tema de revancha, envidia, egoísmo, cobardía, desenfreno, hipocresía y mucho más, sigo creyendo. Espero no sea un tema político. Eso da mucho miedo. La política es linda, pero la política practicada en nuestro territorio es horrible y debemos tenerle miedo además de ser precavidos y cautelosos en cada una de nuestras acciones.

No ahondemos más en el tema. Mejor, terminemos con la alegría de saber que ahora estamos bien. Que hemos decidido estar bien en adelante. Que depositamos nuestra confianza mutua. Que pase lo que pase existirán días nuevos con hechos nuevos y con noticias nuevas, cada uno con su causa-efecto. Hemos decidido a enfrentarlo juntos y solucionarlo juntos.

El Provinciano Insoportable se siente aliviado, contento por el trabajo logrado hasta hoy. Inicia un año con algunas satisfacciones laborales, personales no tanto, pero tiene lo más importante a su lado, sociales y culturales las empezará a cultivar. Desde aquí les comento que debemos seguir para adelante con convicción, entusiasmo y alegría. Dicen que son tiempos nuevos con nuevas oportunidades que aprovechar y con nuevos problemas que afrontar. Vamos, yo sigo para adelante. Síganme los buenos.

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