22.12.11

UNA NUEVA NAVIDAD

Ahora serán 23 las navidades que pasaré de manera muy distinta e inesperada. Sin planificar ningún viaje de vacaciones. Sin cavilar en vacilaciones a la espera de que llegue el momento y se haga lo que está en el plan de otros, unirme a la celebración de otros. O quizás, esta vez también, tenga la posibilidad de estar junto a mi familia, que, espero así lo sea. O, tal vez, una vez más me encuentre distante, a la espera de que los amigos me inviten a pasarla con ellos y tornarme en la indecisión conocida de cuál o a quién escoger y, finalmente, decidirme por un encierro y solo dormir, como cualquiera de los días, como si nada extraordinario sucediera, como un tipo insensible que no siente el festín de la noche buena, como aquel incrédulo que se pregunta ¿Qué es la navidad al fin y al cabo, si no es un reconocimiento al Niño Jesús? Todos celebran, intercambian regalos, se felicitan y ningún abrazo para el homenajeado, como transita un conmovedor mensaje por entre las redes sociales.

Ya no estoy en mi época escolar para escenificar a Batuel, a La Negra o al Negro Shararita. Ya no tengo las posibilidades de juntarme con mis amigos, colocarme un poncho marrón oscuro lleno de remiendos, un “lapichuku”, unas botas, una mochila o una pelota vieja de cuero que hará de mi joroba, y un bastón preparado de “lloque”, tan duro y tan resistente como los que siempre hizo mi gran abuelo Andrés, a quien admiro y respeto mucho, y quien está a punto de cumplir el gran y añorado siglo de vida. Ya no estoy para bailar de pastorcito.

Mis navidades memorables están asociadas a la presencia de mis abuelos, mis padres, hermanos, mis amigos, mi novia (todos juntos a la vez). En esta ocasión, ojalá pudiera reencontrarme con mis abuelos, con mis padres y hermanos (no todos estarán presentes), con mis amigos y la chica encantadora que ha empezado a vivir dentro del espacio guardado en mi corazón. Pero no será posible, porque la distancia, el tiempo, el trabajo y otras cosas inesperadas harán que improvise una celebración navideña quien sabe dónde ni con quién.

Pero volvamos a la Navidad. En las primeras navidades que recuerdo era un lujo comer un panetón, si no teníamos uno Especial en bolsa, contábamos con un Todinno que algún familiar limeño nos lo enviaba cariñosamente. Pavos no teníamos; tampoco lechones, pero tales potajes son mero ornamento -y lo digo yo, que soy un carnívoro- al lado de le verdadera delicia que ha lucido siempre en la mesa familiar: el gran seco de carnero, sopa de ‘tacape’ al lado y un delicioso dulce de Chiclayo como postre.

La Navidad se acerca. Apenas faltan veinticuatro horas y un poquito más, no sé si esta vez estaré condenado al pavo y al chocolate (lo dudo), al lechón y al panetón (lo dudo aún más), pero si los Reyes Magos llegan y me conceden un deseo ya sé que pedir: Yo no quiero volver al pasado y reencontrarme con todo lo vivido, sólo quiero que Dios bendiga a todas las personas que existen en este mundo, que ayude y bendiga a quienes viven mortificados, obsesionados y por quienes piensan que el mundo gira sólo alrededor de ellos mismos. Quiero que Dios ayude y bendiga a aquél amigo que produjo una huella imborrable (por ahora) en parte de mi rostro –tal vez pasaré la navidad con el ojo morado–y aún me duele un poquito. Quiero que Dios bendiga y proteja a mis hermanos, quienes, por cuestiones de superación se encuentran buscando solos un futuro mejor, están pasando por miles de complicaciones y perjuicios pero estoy seguro de que lo sabrán superar a tiempo. Quiero que mis padres, quienes también han sufrido maltratos e injusticias, logren apoyarse mutuamente y salir adelante contra todo. Quiero que mi hijo, Benjamín, sea quien logre mis sueños, metas y objetivos, aquellos que me propuse cuando niño, adolescente y joven. Pues, después de que reciba mis consejos, después que le ayude a seguir con éxito cada uno de sus estudios y sueños, después que crezca con él pateando cada pelota de fulbito que le compre continuamente, después que no siga mis pasos sino forje su propio camino, él obtendrá la única lección de vida que le daré: Para ser feliz y sentirse pleno, el hombre solo necesita una buena mujer.

Feliz Navidad para Todos

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