Sucede que por cada error cometido, casi siempre la sanción es el mandato a reflexionar que todas las cosas se deben tomar con mucha calma, sin desesperación ni apuro, paso a paso, con cautela, lento pero seguro, y no sé qué estaeslaformadehacerlascosas más.
Sin embargo, casi siempre también sucede que pocos nos colocamos en ese plan y el caso es omiso. Asumimos que la sanción será peor, aun así continuamos con lo mismo, qué necedad, qué torpeza, qué terquedad, qué cosa para mal por Dios.
Hace unos días se publicó en este muro el deseo de tomar nuevos rumbos y emprender nuevos proyectos y objetivos, con la finalidad de conseguir los resultados siempre soñados, que, hasta ahora estuvieron escondidos bajo una alforja bien cocida y mal tejida pero con harta paja que lo cobijaba. Se publicó también sobre el buen día que tocaba para hacer borrón y cuenta nueva y volver a empezar. Se observó con detenimiento ese gran spot que rinde homenaje a los tercos, a los perseverantes, a aquellos que siguen adelante a pesar que le enrostran en la cara sus defectos y debilidades. En fin, se reflexionó y se marchó.
No negaremos que cumplir con lo dicho no es fácil. Todo tiene su precio. Nada es gratis, como alguna vez lo dijo Clavijo, todo tiene su razón de ser, todo tiene su sentido, su significado, su porqué de su existencia. Colocarnos en el camino correcto toma su tiempo. Aprender a hacer lo correcto toma su tiempo. Sólo los afortunados logran conseguir mucho sin siquiera habérselo planteado, son los suertudos, los cabaleros, los tinkeros; aunque a decir verdad siempre deben haberlo soñado, pero no se lo esperaban, o tal vez sí. No sé.
Adivinen. El Provinciano Insoportable acaba de comprometerse. Tal vez es uno de los mejores compromisos con lo cual da cumplimiento a uno de sus más grandes anhelos. Ha soñado con ello siempre. Se tardó en elegir, pero al fin lo decidió. Fue muy selectivo en su búsqueda, hasta que lo encontró. No sé si muy cauteloso o muy afligido por lo que le sucedió antes, pero se hizo el muy difícil para empezar. Casi al final se dejó conquistar, su corazón late a cada segundo por lo que le tocará vivir de ahora en adelante. Está emocionado. Ha conseguido lo mejor, dice él, ojalá así sea. Ahora, es catedrático. No contaré más.
Es empedernido, alocado, indeciso y amante del mundo increíble que no quiere parar. Sobre su temperamento se ha dicho mucho. No sé si con las mejores o peores intenciones, pero se le ha inventado una y mil historias sobre su vida privada, que ni siquiera en sueños imaginó vivirlas. Muchos han creído dichas historias, otros han brindado el beneficio de la duda y, los amigos, quienes lo conocen bien, han desestimado, verificado y comprobado que todo lo que dicen forma parte de una vil mentira cuyo objetivo es derrumbar su reputación, no tan sobresaliente aún, pero que con mucho esfuerzo lo ha logrado.
Ahora sólo desea cumplir con sus objetivos. Ha llegado a cumplir un año menos de vida hace unos días. Como ningún año, sus amigos le brindaron un humilde homenaje por triplicado. Él dice, que será por todos los años que no lo celebró, ni siquiera recordó. Pero se notó muy emocionado y feliz y es lo que se buscó con dicho reconocimiento.
En el discurso se refirieron a él como un chico carismático, noble, activo, transparente, amigable, trabajador. Esbocé una pequeña sonrisa y pronuncié en voz baja. Si tan sólo conocieran la vida de su corazón, se darían cuenta de lo que es en verdad. Mejor ahí lo dejamos. Hoy se encuentra alegre y no es oportuno afligirle por motivos que busca superarlos. Esperemos lo logre lo más rápido posible. Seguro que será así. Lo ayudaremos.
Hasta la próxima.
(Una de Silvio Rodriguez, para continuar reflexionando)

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