10.4.10

ODIO ESTOS DÍAS, SÍ QUE LOS ODIO


Pese a todo lo que se habla acerca de vivir el día a día, no desesperarse con los contrastes y derrotas que nos ponen malhumorados, a disfrutar de nuestra vida porque es lo único especial que tenemos, a agradecer siempre por lo que contamos y pensar en los que cuentan con poco para supervivir; yo no puedo hacerlo, no me place, no me complace, no me interesa.

Así, no he disfrutado cuando la mype se inició con buen pie, no he reído cuando los asuntos familiares están mejor que nunca, no me felicité por al fin ser independiente. Quizá porque son cosas que no me satisfacen, como toda la vida y lo cotidiano. Para orientar mis no-infelicidades, mis mejores guías son la soledad, la desocupación, la glotonería –demasiado ansioso- y las recomendaciones. Si algo o alguien me recomiendan algo, pierdo las ganas por completo. Leyendo cosas y escuchando sugerencias descubro que la gente cree que siempre hago lo correcto, cosas que yo nunca hago, porque practico muchas inconductas. Cuando ocasionalmente me esmero por ser un buen tipo y me obligo a hacerlo, siempre a partir de una sorpresa que atañe a la inusual valentía o al talento del personaje que lamento no tener, insisto en mi supervivencia obligada a la dedicación del reforzamiento espiritual, sobrenatural y profesional. Quizá aprenda algo.

No es que juzgue que los hechos que me suceden sean malos (aunque, según mi certera forma de pensar, el noventa por ciento de todo es basura). ¿Cómo saber si lo que me pasa es bueno, si todo constituye su propio antídoto? Se extingue en el día a día. Simplemente, sucede que me pasa, y me pasa solo a mí. Se dirá que yo mismo las provoco, pero al hacerlo me rehúso a degradar la estupefacción en anécdota, la grisura del día a día en un argumento que te envuelva, en una historia que aspira parecer real. Naturalmente: si no puedo pensar e imaginar que todo tiene su razón de ser, mucho menos puedo asimilarlos. Lo cotidiano, el día a día, me importan un carajo.

Las mejores cosas que se han dicho sobre la mejor autoayuda, el autoconocimiento y la autosuperación, los han dicho los ‘grandes’ propulsores internacionales que, ¿son un gran ejemplo? De ciertos asuntos, se han señalado que “no son como para dejarlos de lado así no más: hay que desterrarlos, arrojarlos muy lejos, con mucha fuerza”. Insuperable es quien en un santiamén condena los errores, las caídas y equivocaciones involuntarias. Diera la impresión de que decir lo que se debe hacer es lo más fácil del mundo, pero allí está la congoja. Decirme lo que puedo hacer está muy bien, pero ¿para qué decirme diez o veinte veces lo mismo?

Pero no abruma sólo las innumerables llegadas de buena causa, sino además la triste realidad que conlleva a no hacerles caso. Es penoso que casi siempre se aconseje desde las simas de la ignorancia. Demasiados tutores parecen nacer de esta pulsión extraña que me aqueja. Mientras, yo, desprovisto de una educación original, deshabituado a los hábitos del pensamiento e incapaz en las artes del yoga, el ying yang, y toda esa vaina, resolví escribir este post. Por eso renuncio a hacer lo que no sé, a conseguir lo que quiero, a buscar lo que debo, y así quedarme con lo que es para mí la causa formal –más que la eficiente– de todo lo que escribo. Y uno escribe porque es la única manera de desfogarse abiertamente, sin nadie que lo escuche, ni lo juzgue, ni lo malinterprete. Uno escribe porque le dan las ganas de hacerlo y deja de lado su laboriosa ‘dizque’ novela que está inventando.

Al intentar explicar el porqué de este post, debo admitir que se agita en mí, como loco la presión de que me lean, y me escuchen y me aconsejen y se atrevan a darme de beber. Deseo parchar mis deficiencias, dejar de estigmatizarlas, comprenderlas, dejar de aburrirlas. No quiero que simulen el cariño, sino que me digan el porqué esto es lo único que se tiene.

Si acaso, el desprecio es la mejor cara que debo poner cuando la vicisitud engañosa toca mi puerta. No quiero mostrar talento porque no lo tengo, ni aspirar a ser exitoso porque eso, hoy en día, se ha convertido en una prostitución de los libros de autoayuda. Sólo necesito lograr algunos pasos y apurarlos para tratar de ser bueno, o siquiera amable, mas no, exitosamente maldito: diríase que por superstición, como quien toca madera o se persigna.

Lo más probable es que los lectores de esta nota ni siquiera sepan quién o de quién les hablo. A eso me dedico. A escribir para mí mismo; porque es mejor escribir para uno mismo y no tener público, que viceversa.

Y sin embargo sí me siento muy mal. Son siempre las mismas fanfarronerías que digo. Hace una década soñaba con algo distinto. Ahora, sólo con una disyuntiva emocional pienso y miro lo que queda y me toca, voy divagando en el ¿quién soy? Quizá, al final, lo averigüe.



(Para levantar el ánimo tal vez, un estreno. Miley Cyrus y David Bisbal cantan lo que quieren)
 

2 comentarios:

Freddy Caman dijo...

Ánimos amigo, tan chevres tus fotos y posts... sigue así

Anónimo dijo...

Esneider, me fascina como escribes! Me gusta leer cómo te expresas y ¿sabes?, en mi opinión, eres un alma llena de vida y esperanza, eres un ente pensAnte y eso no es nada fácil...

Gracias por haber visitado ALMA ABIERTA y desde aquí hoy te extiendo mi invitación a que vengas a mi casa en el silencio de las palabras a leer, a conversar, a observar, a comentar: Alma Abierta y una servidora te recibiremos siempre con los brazos bien abiertos... Sígueme, si gustas... Yo iré leyéndote encantada de poder hacerlo... Y nunca dejes de escribir, pues eres toda una inspiración, amigo.