La justicia, por supuesto, existe. Existe un nutrido mundo donde las divagaciones e incipientes situaciones cotidianas nos etiquetan continuamente con la palabra justicia y, eso ciertamente, englobado por sus vecinos que no dejan de realizar las jugadas a escondidas, a media caña, por la baja, sin que nadie se dé cuenta, ‘solapa nomás’, nos genera una confusión. Esta confusión nos hace pasar muchos malos tragos, porque nos vemos obligados a tomar decisiones de vital importancia para nuestra vida mediante un procedimiento rocambolesco, estruendoso, extraño. Experimentamos hechos confusos, lo nombramos y, por ensalmo, la palabra se abstiene de concedernos una aparente claridad a lo que buscamos y, nos hacen esperar la justicia por un millón de años.
Parecería más sensato esperar a ver qué sale de nuestro carácter instantáneo para saber si tomar la justicia con nuestras propias manos es lo más adecuado o resolver la injusticia con la “Ley del camaleón”, ya que nos generaría una satisfacción obsesiva pero relajante.
Acabo de incluirme en la campaña de sensibilización que algunos amigos chimbotanos, ‘porque he aprendido a quererlo’, ejecutamos con la finalidad de escuchar, comprender, actuar y hacer actuar a la población frente a la desaparición de los nueve campesinos del distrito del Santa en 1992, a manos del ‘Grupo Colina’.
Parecería más sensato esperar a ver qué sale de nuestro carácter instantáneo para saber si tomar la justicia con nuestras propias manos es lo más adecuado o resolver la injusticia con la “Ley del camaleón”, ya que nos generaría una satisfacción obsesiva pero relajante.
Acabo de incluirme en la campaña de sensibilización que algunos amigos chimbotanos, ‘porque he aprendido a quererlo’, ejecutamos con la finalidad de escuchar, comprender, actuar y hacer actuar a la población frente a la desaparición de los nueve campesinos del distrito del Santa en 1992, a manos del ‘Grupo Colina’.
¿Hay forma de saber de qué hablamos cuando hablamos de justicia? Solemos precisar esa vaga sensación de abandono e incomprensión añadiendo alguna calificación: la justicia no existe, nuestros gobernantes son de lo peor, las leyes solo quedan en papeles, la justicia no es para los pobres, justicia, justicia, justica. ¿Hay algo común entre todos estos dichos? ¿Existe una acción, comparación, ejecución o resolución que pueda dirigirse a las víctimas, a las personas, a los vivientes, a las cosas? Saber lo que pasa en la vida y en las calles de estos deudos debe ser más importante que saber lo que ocurre en la mente de esas minúsculas personas a las que hemos elegido como ‘autoridades de la población. Sus habladurías, entredichos, insultos y peleas ya no nos interesan.
¿Cómo sabe usted que accedió a lo más justo? La respuesta sería, posiblemente: casi nunca me hacen caso sin un carísimo y temible papeleo que me hace desistir de mi reclamo. La dificultad está en saber en qué consiste mis derechos.
La importancia que tiene esta intensificación del interés da origen a muchos espejismos, porque esa liberación casi siempre es un antipremio a nuestra osadía. Pero, estamos dispuestos a luchar con lo que sea necesario, entregarnos hacia todo lo posiblemente ejecutable. La vida intensa supone un abrillantamiento de las cosas, la aparición de valores confusos, indefinidos, absorbentes en todas las situaciones. Y también una euforia, el vuelo del tiempo, la ligereza, el recuerdo de los inmensos disgustos y baches de lo cotidiano, de lo que preferiríamos nunca estar cerca.
La llamada a la justicia o a enrolarnos en una lucha es entregarnos a una aventura de la vida. Donde se intensifica la ruleta rusa, el asalto a bancos, el juego de la bolsa y muchas cosas más. Te invito a participar en este encuentro, son 18 años y casi nada se oído. Estamos ante un conflicto de desintereses por lo que nos debe interesar. Sensibilicémonos ante ello.
¿Cómo sabe usted que accedió a lo más justo? La respuesta sería, posiblemente: casi nunca me hacen caso sin un carísimo y temible papeleo que me hace desistir de mi reclamo. La dificultad está en saber en qué consiste mis derechos.
La importancia que tiene esta intensificación del interés da origen a muchos espejismos, porque esa liberación casi siempre es un antipremio a nuestra osadía. Pero, estamos dispuestos a luchar con lo que sea necesario, entregarnos hacia todo lo posiblemente ejecutable. La vida intensa supone un abrillantamiento de las cosas, la aparición de valores confusos, indefinidos, absorbentes en todas las situaciones. Y también una euforia, el vuelo del tiempo, la ligereza, el recuerdo de los inmensos disgustos y baches de lo cotidiano, de lo que preferiríamos nunca estar cerca.
La llamada a la justicia o a enrolarnos en una lucha es entregarnos a una aventura de la vida. Donde se intensifica la ruleta rusa, el asalto a bancos, el juego de la bolsa y muchas cosas más. Te invito a participar en este encuentro, son 18 años y casi nada se oído. Estamos ante un conflicto de desintereses por lo que nos debe interesar. Sensibilicémonos ante ello.
(Vivos se los llevaron, hasta ahora no aparecen)
(La frialdad con la que los asesinos contaban sus aventuras, realmente estremecedor)


4 comentarios:
jeje muchas gracias, nunca te avia visto antes
terrorifico mensaje xD
gracias por hacerte seguidor, bye!
posdata: te sigo
ok, nos seguimos, mucho gusto Sofi
Sí, no se oyeeeeee
los de santa exigen justicia!...
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