CUANDO EL ORGULLO MANDA
¿Quién no ha parado de decir que el trabajo dignifica al hombre? ¿Quién ha negado alguna vez que sin trabajo no se puede vivir? Muchos en el mundo son ladrones, drogadictos, delincuentes, vagos, holgazanes. Sólo un motivo. No tienen labores. No hay ocupación que les permita vivir mejor. O, simplemente, no lo buscan ni sienten que lo necesitan. No les gusta trabajar.
¿Cuántos hoy están indignados, resentidos y molestos con esta vida, porque no les da lo que se merecen? ¿Cuántos se esfuerzan a diario por encontrar una vida mejor, un trabajo, una fortaleza que les permita brindarles lo mejor a los suyos? Sin embargo, muchos se precipitan y abandonan lo que bien lo tienen ganado, mientras muchos otros se aferran a un círculo colmado de conspiraciones e intrigas laborales y personales. Allí no existen los amigos, sólo los compañeros. Cada uno vela por lo suyo. Los demás a un lado.
Pero, ¿hasta qué punto se puede soportar la presión, humillación y abuso de autoridad cuando de necesidad se trata? ¿A cuán maltrato extremo es posible llegar para decir basta? Detrás existen muchos que lo lamentarán y lo sufrirán porque de eso viven. Pero también el orgullo y la dignidad fortalecen a la persona. Y ésa es una razón muy grande por la cual no se puede permitir el maltrato extremo, la humillación y el abuso psicológico diario, permanente, constante. Porque de la buena salud depende nuestro desempeño. Uno no nace para enfermarse sin motivo. Uno vive para alegrarse de vivir y dejar que la vida lo alegre cada mañana. ¿Es imposible? Tal vez para algunos sí. Aunque sé que muchos, por dentro, se sienten devastados ante la opresión y el desengaño, ante la injusticia y el infortunio. No sólo de trabajar para otros vive el hombre, también de su familia, de su orgullo y de su fuerza.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. Tal vez. Renunciar a una buena opción de progreso siempre tiene una explicación y una acción que va por dentro. Se tarda en descubrirlo, pero se encuentra. Las posibilidades que se dejaron en stand by pueden volver a aflorar. Retomar los primeros retos, que se creían olvidados, no es tan malo.
Hoy estoy enojado, molesto y desconfiado. Con los abusivos, los explotadores, los majaderos, ‘chupamedias’ y aprovechados. Estoy reventando en cólera con los injustos, vanidosos e inexpertos en el sistema. Estoy, tal vez, molesto conmigo mismo. Pero me siento fortalecido y satisfecho, porque hice lo incorrecto pero para bien. Me quedé sin chamba y no soy un malagredecido con aquellos que me brindaron la oportunidad. Sin embargo, donde el orgullo manda, gana la personalidad, la fortaleza y el gran ego.

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