12.5.09

¿Cambiar a lo mismo?


A los doce me decías que aún soy muy pequeño para pensar en cosas de hombres. Sin embargo, con frecuencia me animabas a realizar muchas acciones con decisiones propias cuando estaba seguro de estar a un paso de ganarme la alegría, no importaba el motivo. Me enseñabas que la felicidad individual era lo primero, sin olvidar a quienes forman parte de esa felicidad, que no son pocos. Difícil decisión, porque al pensar en los demás, muchas veces se dejaba el individualismo a un lado. Eso fue lo que siempre trataste de enseñarme, eso fue lo que nunca aprendí.

A los quince, uno de mis sueños se tornaba imposible. Pero llegó. Llegó eso a lo que llaman la primera esperanza, el primer gran paso, la primera gran oportunidad de demostrar que estás hecho para ser hombre. Tú no te encontrabas tan lejos pero me hacías falta. No dejaba que pase semana alguna sin poder visitarte. Allí me enseñabas que el amor no se obliga, no se escoge ni se espera. El amor llega cuando menos te lo imaginas, sin sospechas ni intuiciones. El amor llegó y no hubo forma de saber afrontarlo. Llegó la tormenta enfurecida y nunca pude aplicar lo aprendido, porque jamás lo aprendí.

Vale la pena esperar me dijiste cierto día. "Pase lo que pase, debes seguir paciente. No te des por vencido".

Seguro en algún momento entendí que mucho influye en nuestras vidas el comportamiento de quienes pasean a nuestro alrededor -a veces las tomamos de ejemplo y muchas otras las criticamos tan solo por tomar el ejemplo de algún 'buen amigo' un poco mayor-. Bien o mal, siempre me aconsejaste que hiciera caso a mi corazón y confiara en él.

Confiaba demasiado, pero jamás me atreví a comentarte sobre esa nueva esperanza. Y hoy. Hoy te necesito más que nunca. Pero ahora sí estás lejos, encontrarte es mucho más difícil de lo imaginado, más complicado que pensar en esos sueños que figuran como cosas insufribles.

Pocos me entenderán. Claro, ni yo me entiendo y lo único que debo hacer es viajar hacia la luna, hacia las estrellas, hacia el universo vacío donde pueda encontrar el camino. Pero recorrer el ensombrecido camino de la indiferencia es a veces un tanto difícil, empezando por el primer idiota que me pregunta hacia dónde voy cuando ve que no tengo un rumbo. Claro, sé lo que estás pensando, el idiota soy yo, y así seguiré. ¿A nadie hiero no?

Tal vez estas líneas, oscuras sin nombre, son parte de un pobre hombre que ahora luce confundido y que ni siquiera sabe lo que escribe y quiere publicarlo para que muchos se enteren de lo idiota que es. Mientras, escucha las letras de 'Yo no me doy por vencido':

Me quedo callado

Soy como un niño dormido
Que puede despertarse con apenas solo un ruido
Cuando menos te lo esperas
Cuando menos lo imagino se que un día no me aguanto y voy
Y te miro
Y te lo digo a los gritos
Y te ríes y me tomas por un loco atrevido
Pues no sabes cuanto tiempo en mis sueños has vivido
Y sospechas cuando te nombre

Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso no me rindo
No me doy por vencido

Tengo una flor de bolsillo
Marchita de buscar una mujer que me quiera
Y reciba su perfume hasta traer la primavera
Y me enseñe lo que no aprendí de la vida
Que brilla más cada día
Porque estoy tan solo a un paso de ganarme la alegría
Porque el corazón levanta una tormenta enfurecida
Desde aquel momento en que te vi

Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso no me rindo
No me doy por vencido
Este silencio esconde demasiadas palabras
Donde te tengo, pase lo que pase seguiré
Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso no me rindo
No me doy por vencido
Juro que vale la pena esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso no me rindo
No me doy por vencido.

Y... viejo, mi querido viejo, hoy más que nunca te extraño, me haces mucha falta y odio tanto la ignorancia que me embargó aquel día en que trataste de enseñarme todos los secretos de enfrentar a la vida con creces. No lo hice. Tal vez deba arrepentirme. Pero sé que el mejor regalo que puedo darte es tomando un poco de ilusiones y cumplir lo que una vez prometí con ahínco. Lamento haberte desconocido en muchos momentos. Pero los errores del pasado deben servirnos para los éxitos del futuro, dicen.

Viejo... me siento frustrado y sé que me dirás que está muy bien, que si quiero frustrarme, me frustre, si quiero llorar, llore, sin decirle a nadie como me siento. Pos eso prefiero decirlo a todos y a ninguno.

"Hay muchas formas de desahogo, peor es cuando no lo hacemos". Te quiero papá, y, tuvieron que pasar tantos años para comprender ese viejo adagio que ahora no lo voy a decir pero que siempre lo tengo en el corazón y que tú, desde donde estás, de ese lugar tan especial, hacia donde todos queremos llegar, me lo haces recordar siempre. No he aprendido mucho, aún soy insuficiente, pero debo lograrlo. Por mí... ¿Verdad?

No hay comentarios: