De risas, sonrisas y felicidades
A lo largo de nuestra vida se presentan muchas dificultades, trabas y, las mal llamadas, barreras. Tenemos que enfrentar a todo lo que nos ofrece la adversidad, ya sea para bien o para mal. Pero –como dice mi abuelo, que ya se encuentra en el cielo– ahí estamos y allí estaremos, como siempre, nerviosos, tímidos, apacibles tal vez; y muchas veces seguros de lo que podemos dar y hacer por nosotros mismos, y por los demás. Enfrentar a la adversidad sin remordimientos ni aflicciones, con traiciones y caídas. Ése es el camino de nuestra vida.
Soy estudiante universitario por el momento ¿Cuándo dejaré de serlo? Aún falta mucho. No porque no quiera salir de ella, sino por lo que recorrer tal camino significa. Los reclamos, justos o no de los docentes y alumnos, siempre culminan en una huelga de no menor de dos meses. Cuando ingresé, supe que la carrera duraba cinco años y un poquito más, ahora sé que sobrepasa los seis y nadie dice nada. ¿País con mucho futuro dicen? Eso, que no he dicho que quisiera estudiar más de dos carreras. O sea, aún me falta mucho para abandonar la universidad.
¿Opción primordial? Universidad particular. Nomás te pido un día de reemplazo sobre mis zapatos, tienes que gastar lo mínimo, los treinta soles peruanos deben alcanzarte para un mes, están incluidos pasajes, copias, impresiones y almuerzo para los domingos (afortunadamente el comedor universitario es de gran ayuda para este joven provinciano).
Eso, sin contar que no pago alquiler de cuarto, ni luz, ni agua. No compro ropa hace más de dos años, mi celular lo tengo sin recarga desde agosto del año pasado. No tengo novia. Implica mayores gastos. ¿Dirías lo mismo?
¿Cómo lo hago? Agradezco infinitamente a Dios que alguien haya inventado el oficio de los mil oficios. Sin aprenderlo, la sobrevivencia en este mundo que no es cruel, hubiese sido más complicado. Desde cobrador de combi, pasando por cargador de sacos, hasta llegar a lavar ropa y muchas cosas más.
Es que, la vida es bella. Sin ésta que me ha tocado, no hubiera aprendido a valorar el diez céntimos que me sobra en el bolsillo, con él me alcanza para ahorrar y adquirir algunos libros que, en mi condición de estudiante, me exigen, y me exijo.
Cada vez que subo a una combi veo un millón y medio de rostros, tal vez un poquito más, en toda mi vida claro está. Hay tristes, contentos, palomillas, deprimidos, orgullosos, tímidos, arrogantes, desesperados, extrovertidos. Al interior de una combi eres un bicho raro si te atreves a sonreírle al otro sin siquiera conocerlo. En Chimbote, el medio solo se ha hecho para el transporte. En mi tierra –Huayllabamba para todos ustedes–, subir a un medio de transporte es conversar, hacer amigos y almorzar juntos.
En Chimbote, miles de jóvenes, entre amigos y conocidos, se acercan a decirme que no hay trabajo.
- ¿Se han puesto a buscar?
- Sí, pero no me gusta hacer eso.
- De acuerdo, entonces sigue buscando, mientras pasan las horas, y eres más viejo, y muchos dependen de ti.
De niño aprendí que el ciudadano peruano se hace ciudadano a partir de los dieciocho años. ¿Por qué? Porque tiene la suficiente valentía de valerse por sí mismo y es cuando deja de ser carga para sus padres. En la universidad, el casi el cien por ciento de mis compañeros dice que no puede cumplir con tal o cual trabajo porque no tiene dinero. A sus padres, con gran esfuerzo, les alcanza nada más que lo que cuesta sus pasajes y la propina para sus almuerzos, además de los dos soles para sus copias.
Mi bendito padre se esfuerza demasiado. Sucede que a veces no me alcanza ni para un pan. Jamás pasó ni pasa por mi mente la idea de pedirle. Estoy muy bien –le digo cada vez que me llama–, no se preocupen, cúidense muchísimo ustedes por favor y saluden a mis abuelitos.
La vida es bella. Pregunto si a cada desesperación respondes con un “me quiero morir” ¿Has hecho todo lo que te propusiste cuando empezaste a tener uso de razón y planear tu futuro? La muerte no es la solución. Muchas veces soñé que los muertos quieren huir de su "paraíso", prefieren la vida dicen. La muerte no es para los vivos. La muerte es de los muertos, sólo a ellos les pertenece.
Mi amigo esboza una leve sonrisa después de comentarme todo esto. “La vida es tan bella –me repite– sólo valora lo que tienes, haces y puedes hacer por ti y por los demás. Que no se quede en un simple "puede", sino que se convierta en una obligación. Eso hará que nuestras vidas vivan rodeadas de un mundo lleno de felicidad, donde cada vez que acabes con un problema te llene la sensación de haber ganado una contienda. Sin embargo, la competencia aún continúa, sólo has pasado a la siguiente ronda y te tocan rivales mucho más duros”.

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