Es la primera vez que cuento los días, meses y años para detenerme a pensar en los logros y fracasos obtenidos durante todo el tiempo vivido. Es la primera vez que analizo cada parte de mi vida y sonrío fríamente al encontrar solo algunos momentos gratos, porque, en cambio, los fracasos son innumerables. Es la primera vez que siento que el tiempo, de lejos, me está ganando. Mientras, lento e inseguro, dejo pasar los días a la espera de lo que venga.
No son pocos los que insisten en que mire el lado positivo de las cosas. Y, es que es inevitable. Lo dicen porque no están en mi lugar. Fácilmente comprobable. Porque cuando les toca a ellos, también hago lo mismo. Debe ser el único consejo, aparentemente bueno, amable y decoroso, que existe. A mí, en cambio, me desagrada pronunciarlo porque me siento extrañamente extraño. Cosa rara.
En estos momentos ando pensando que no somos pocos los que creemos ser los apartados, los que tenemos lo que merecemos, porque no merecemos nada. Quiero pensar que todo esto que digo es distinto, sin embargo es una afirmación única e irrebatible.
Hoy la volví a ver. Quise dedicarla un poema, mas el miedo fue mayor y mis labios se estremecieron sin pronunciar palabra alguna que vaya más allá del cordial saludo. Intenté inventar canciones y cantarlas sin que me escuche. Añoré caminar a su lado. Prefiere hacerlo sola. No tengo respuesta a mis tribulaciones. Se marchó sin decir adiós y aún recuerdo esos momentos y esos días tan intensos, compartidos ayer. Cómo aceptar que su partida no tiene regreso. Cómo olvidar esa sonrisa si la llevo aquí en mi mente a cada instante. La extraño. Y aunque no pueda verla ni tenerla, sé que estará bien. Será mi ángel guardián. Irá guiándome por caminos que me ayuden a encontrar felicidad.
Esta es la última canción. Espero que en adelante, el destino nos dé la oportunidad de volver a conectarnos. Los momentos de la vida pasan por algo. A veces tienes que separarte de las personas que amas. Pero eso no significa que dejes de amarlas. A veces puede ser que las ames aún más.
Es la primera vez que siento que ha pasado tanto tiempo y estoy paralizado, abstraído, embelesado en asuntos totalmente inciertos, sin un motivo, sin una meta, sin un objetivo que perseguir. Trabajo. Claro que sí. Pero no por qué lo hago. La amargura es trasmitida en mi interior y en mi soledad. Las cuerdas de mi guitarra la conocen mejor que nadie. ¿Necesito de alguien? ¿Me hace falta un consejo? ¿Extraño a los amigos, a la familia? ¿La necesito a ella?
Creo que sí…
(De John Lennon para el mundo. Es que somos inmortales y podemos hacer lo que queremos)
(Mientras redactaba este post encontré esta canción de Michael Jackson y me conmovió aún más... ¿Los niños somos el futuro, dicen? Desearía no pasar de niño nunca...)

2 comentarios:
Así que el vaso está medio vacío por culpa de ella...
Cierto, no todos los amores son rosa, pero de rosa son todos los amores
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