Siempre pensé que era bello el amor y no dolor. Reza en una de sus canciones uno de los cantautores románticos más recordados e idolatrados de México. El mismo que no pudo evitar una espantosa caída durante uno de los más asistidos conciertos que acostumbraba realizar. A lo JLO. Pero este fue mucho más doloroso. Tan igual como el que se siente en momentos tan insospechados y crueles.
La amada nos pide que la olvidemos. Que la dejemos ir. Que apartemos nuestros destinos. Que busquemos otras formas de amar, de caminar y valorar nuestras virtudes. Que olvidemos todo lo hermoso que vivimos. Que rebusquemos en el denso y espantoso laberinto de la vida que nos toca, el amor. Suena tan inaudito. Pero es así. Ese sentimiento que suspende a este abatido corazón, por más realizable que pudiera encaminarse, no lo deja latir libremente. Aún padece estremecimientos, confusiones, desasosiegos, preocupaciones, ansiedades. Como solemos decir de adolescentes –continuamente nos parecemos–. Todo era tan hermoso, tan soñado. Hasta que algún envidioso terriblemente incomprensible, nos provoca aterrizar de ese vuelo, muchas veces, imaginado inalcanzable.
Sin contar la respuesta. Debo afirmar que la pasamos de lo más hermoso. Con innumerables citas jamás pactadas. Encuentros añorados que nunca preparamos. Llamadas silenciosas y encaminadas continuamente al dulce placer de jugar al amor. Inasistencias amablemente justificadas ante algún tutor anticuado que, en la vida, imaginaba lo que forjábamos una vez solitarios en aquel escondite furtivo, como todo lo que nos rodeaba, nunca premeditado. Prohibir aquella ingenua costumbre fue muy difícil.
Después de la indeseada conversación que sostuvimos en uno de los salones del colegio, no hubo más excusas que llorar y estremecer los razonamientos a diario. Forjamos infinidad de especulaciones. Creamos un mundo de fantasías inorgánicas donde sólo cabíamos dos. Desatendíamos la naturaleza y el entorno. El presente estaba envuelto solo por una emoción honesta, inocente, frágil, de mírame y no me toques. Quién iba a pensar que durante los momentos más felices de nuestras vidas, las contrariedades con nuestros padres mellarían nuestros rendimientos académicos. Lo concebíamos por contradicción, desquite, incomprensión, fastidio. De no ser por tan amable profesora de treinta y un poco más años, nuestros pensamientos tan errados hubiesen desarrollado amargamente nuestro futuro.
Felizmente, recuerdo. Encima de los tan abrumadores prejuicios, juicios y juzgamientos, continuamos disfrutándolo. A escondidas. Bajo la refrenada lluvia, el extraviado atardecer, la candorosa noche de luna nueva. Únicos y amables testigos de nuestro idilio. Pero, hoy no puedo continuar. Me machaca de remordimientos los recuerdos dotados de hermosura. Presiento que mi obstinación y embeleso por esos amores, mañana podrán ser de otros, si ya no lo son.
- Amigo te comprendo, y pido solamente tranquilidad y paciencia. En esta vida todo se olvida. Me lo han dicho tantas veces, que me invita a transmitirlo. Aún no evidencio si será cierto.
(Los deseos de un niño no siempre se cumplen, porque de grande descubre nuevas realidades. Yo quería, y tenía tantos planes. Ahora solo me remuerdo, con la esperanza de poder reencontrarme con ellos)
- Amigo te comprendo, y pido solamente tranquilidad y paciencia. En esta vida todo se olvida. Me lo han dicho tantas veces, que me invita a transmitirlo. Aún no evidencio si será cierto.
(Los deseos de un niño no siempre se cumplen, porque de grande descubre nuevas realidades. Yo quería, y tenía tantos planes. Ahora solo me remuerdo, con la esperanza de poder reencontrarme con ellos)

1 comentario:
bueno ya encontraste alguien que te leyo o al menos lo pretendio jajaaj. Ta bueno tu blog
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