5.12.09

VERDADES AMARGAS


¿Razón tenía mi madre? Hubiera deseado nunca tener esa respuesta. Cometí errores. Lo sé. ¿Serán tal vez irremediables? Ojalá supiera aquel presagio. El laberinto majestuoso de la vida que me toca, aún tiene muchos caminos sin recorrer. Querer, amar y extrañar, es de humanos. Pensar en lo vivido y recordarlo, es reconfortante. Si tuviera la opción de cambiar todo lo vivido en estos más de veinte años, no cambiaría nada. Nomás un dato. Amigos. Éxitos a todos.

Yo no quiero mirar lo que he mirado
a través del cristal de la experiencia,
el mundo es un mercado en que se compra
amores, voluntades y conciencia.

Amigos... es mentira, no hay amigos,
la amistad verdadera es ilusión,
ella cambia, se aleja y desaparece,
con los giros que da la situación.

Amigos complacientes sólo tienen
aquellos que disfrutan de ventura y calma,
pero aquellos que abate el infortunio,
sólo llevan tristeza en el alma.

En este laberinto de la vida,
donde tanto domina la maldad,
todo tiene su precio estipulado,
amores, parentesco y amistad.

El que nada atesora, nada vale,
en toda reunión pasa por necio;
y por más nobles que sus hechos sean,
lo que alcanza es la burla y el desprecio.

Lo que brille nomás tiene cabida,
y aunque brille por oro lo que es cobre,
lo que no perdonamos en la vida
es el atroz delito de ser pobre.

La estupidez, el vicio y hasta el crimen
pueden tener su puesto señalado,
las llagas del defecto no se miran
si las cubre un diamante bien cortado.

La sociedad que adora su desdoro,
persigue con gran saña al criminal,
más, si el puñal del enemigo es de oro,
enmudece, y el juez besa el puñal.







Nada en el mundo es perfecto y nada afable,
todo está con lo impuro entremezclado,
el mismo corazón con ser tan noble,
cuántas veces se muestra enmascarado.

Que existe la virtud... yo no lo niego
pero siempre en conjunto defectuoso,
hay rasgos de virtud en el malvado,
hay rasgos de maldad en el virtuoso.

Cuando veo a mi paso tanta infamia
y que mancha a mi planta tanto lodo,
ganas me dan de maldecir la vida,
ganas me dan de maldecir de todo.

A nadie habrá de herir lo que aquí digo,

porque ceñido a la verdad estoy,
me dieron a libar hiel y veneno,
hiel y veneno en recompensa doy.

Pero si tengo las palabras toscas,
en estas líneas oscuras sin nombres
doblando las rodillas en el polvo,
pido perdón a Dios, pero no al hombre.

“La felicidad es un perfume que no podemos irradiar a los demás, sin que nos caiga a nosotros unas cuantas gotas”.

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