
Nunca imaginé que ocuparme de asuntos que en el fondo (o como dicen muchos) no me compete, me traería tanta satisfacción y entusiasmo por seguir practicándolo, donde sea, como sea y con quien sea.
Me encontraba en un lugar no muy óptimo que digamos, cuando recibí la llamada de un amigo invitándome a formar parte de un grupo de chicos que se dirigían hacia el sur chico. ¿Motivo?. Prestar ayuda a los damnificados de Pisco por el terremoto ocasionado el 15 de agosto del 2007.
Era noviembre, en mis planes estaba viajar hacia el lugar de mis raices, pero de pronto una sensación de optimismo me cubrió con tanto empeño, que decidí inmediatamente asumir el reto e ingresar a ese nuevo espacio donde suponía, me iban a recibir con cierto recelo porque era nuevo en la materia.
Completamente equivocado, el trabajo que realizamos fue tan gratificante, que muchas veces me dieron de ganas de seguir allí hasta cuando la ayuda esté completa. Lamentablemente tenía un límite, se cumplió. Existía la posibilidad de regresar. No se dio.
Ahora solo me queda sumergirme en el recuerdo que me ofrecen esos inolvidables momentos donde mucha gente te espera con las manos vacías rogándote que le prestes ayuda, otros reclamándote que si le das a uno debe ser para todos, otros más tímidos aún que sólo miran de lejos como diciéndote ´yo también lo necesito, pero no te lo hago saber porque tengo miedo que me digas que no´.

Ciertamente, con una angustia profunda, se tenía que decidir a quien dárselo y a quien no. No había para todos. A veces, nos embargaba la impotencia de no encontrar una salida que nos permita satisfacer a todos. Lo lamentamos mucho, teníamos una sola alternativa.
Ahora, tanto yo como mis amigos nos encontramos en nuestras respectivas ciudades, cumpliendo con las metas trazadas antes de haber asistido a esta convocatoria, que nos sirvió para aprender muchísimo. Aprender a ayudar, que es la consigna de quien se muere por hacer algo por los demás pero que no encuentra la forma. Esta vez se tenía la oportunidad, una exclusiva que no podíamos desaprovecharla.
Apuesto a que nadie de quien asistió me podrá decir que no aprendió. Es claro que existieron discrepancias como en toda institución. Pero es lo de menos. Eso no lo podemos decir aquí. Lo importante es que asistimos gracias a la CRUZ ROJA, una institución que realiza un trabajo muy valorable en cuanto a brindar ayuda humanitaria se refiere. Sin ella muchas familias hasta hoy estarían desesperadas y desamparadas. No digo que no los haya ahora. Pero se hace lo que se puede y aún se sigue trabajando.

Asistí como voluntario y no me arrepiento, porque aprendí lo que se siente en verdad cuando ayudas a alguien. Tal vez tú nunca lo has sentido porque, justamente, nunca decidiste prestar esa ayuda incondicional. Te cuento, es una satisfacción imcomparable. Una sensación que te alimenta y te alienta a seguir luchando siempre; porque aquí y en donde sea hay muchas personas que necesitan de nosotros tal como nosotros necesitamos de ellos. No desperdiciemos el valioso tiempo que Dios nos brinda. Es cuestión de APROVECHAR CADA MINUTO DE NUESTRAS VIDAS COMO SI FUERA EL ÚLTIMO...
Hasta la próxima.

No hay comentarios:
Publicar un comentario